[color=tea
*•°oO•La gente feliz no habla mal de los demás•Oo°•*
Quien dedica su tiempo a mejorarse a sí mismo no tiene tiempo para criticar a los demás.
María Teresa de Calcuta
En la vida hay pocas cosas tan agotadoras como escuchar a una persona criticar a todas horas.
Además de hacernos vivir en un pozo lleno de comportamientos negativos, nos acaba haciendo sentir muy mal.
Cuando nos encontramos ante estas situaciones tenemos dos opciones: alejarnos o intentar ayudarles. Y es que, como ilustra la célebre frase del comienzo, no hay un indicio más acertado de pobreza emocional y vital que el hecho de que una persona dedique su tiempo y esfuerzo a criticar a los demás.
(http://i.imgur.com/FTj9bCY.jpg)
Si estamos cerca de una persona criticona tenemos que tener muy presente la capacidad que tienen para intoxicar nuestras emociones, ya que pueden desequilibrarnos totalmente de manera sencilla.
En este sentido, vivir en paz no tiene precio, por lo que siempre debemos proteger nuestro espacio físico y psicológico. Hay que crearse una coraza anticríticas no constructivas, pues digamos que las palabras solo hieren cuando te importa quién las dice, qué es lo que dice y cómo lo dice.
Lo que otras personas piensen de ti es su realidad, no la tuya
Lo que otras personas digan de ti es su realidad, no la tuya. Ellos saben tu nombre, pero no tu historia, no han vivido en tu piel, no han calzado tus zapatos. Lo único que los demás saben de ti es lo que tú les has contado o lo que han podido intuir, pero no conocen ni tus ángeles ni tus demonios.
Hay personas que, de manera malintencionada o sin ningún tipo de criterio, dan su opinión sobre cualquier circunstancia aunque nadie se la haya pedido. El objetivo de estas críticas enmascaradas es hacer daño, menospreciar y disfrutar con la preocupación ajena.
La gente que hace esto suele tener tan baja su autoestima que no logran aceptarse a sí mismos ni a los demás. Esto explica su facilidad para juzgar y poner etiquetas, lo cual solo refleja la realidad de cómo se sienten y su capacidad para proyectar sus propias dificultades emocionales.
Aunque creamos hacerlo normalmente, nadie es capaz de descodificar el sentir ajeno. Nos cuesta entendernos a nosotros mismos como para saber lo que otros viven, sienten, aprenden o padecen.
Así, no deberíamos darle importancia a lo que los demás dicen de nosotros, pues sus palabras obedecen a una realidad ilusoria que su mente ha creado con el afán de saberlo todo.