Nunca se investigó el asesinato del padre Rutilio
Un crimen planificado y ejecutado por el Estado que unificó a la iglesia con el pueblo
Monseñor Oscar Arnulfo Romero, al enterarse de los asesinatos, fue al templo en donde reposaban los tres cuerpos y celebró la misa. En la mañana del día siguiente, después de reunirse con los sacerdotes y consejeros, Romero anunció que no asistiría a ninguna ocasión o actividad gubernamental ni a ninguna junta con el presidente, siendo ambas actividades tradicionales del puesto, hasta que la muerte se investigara.
Ya que nunca se condujo ninguna investigación, Monseñor Romero no asistió a ninguna ceremonia de Estado, en absoluto, durante sus tres años como arzobispo.
Monseñor Romero, era amigo personal del sacerdote Rutilio Grande, quien además era su confesor.
En una entrevista que Monseñor Romero rindiera en el año de 1979, al periodista brasileño, Juan Arias, en la ciudad de puebla, México, Romero le confesó que él se consideraba un convertido. "Me contó que estaba del lado de los ricos, del poder, viviendo en un palacio, hasta que un día le asesinaron a un sacerdote que él consideraba un santo, Rutilio Grande. Lo mataron mientras explicaba el catecismo. Imagínese que lo acusaron de ser comunista"-le dijo Monseñor Romero a Juan Arias.
La muerte de Rutilio Grande fue la gota que derramó el vaso, Monseñor Romero comprendió que estaba de la parte equivocada. Dejó el palacio y se entregó a la causa de los perseguidos a la defensa de los derechos humanos.
Luego un 24 de marzo de 1980, Romero sería asesinado de un tiro certero al corazón, un francotirador que trabajaba para los Escuadrones de la Muerte acabó con su vida, en un crimen al igual que el del sacerdote Rutilio Grande, que aún no ha sido esclarecido.
Tampoco se investigó el asesinato de los demás sacerdotes